Dios nos ha dado muchos encuentros con Él a lo largo de nuestra vida. Si tomáramos nota podríamos ver la gran cantidad de estos. El recordar y meditar en estos encuentros con Dios produce revelación acerca de este Dios que tanto nos ama. Esta revelación sobre lo que Él hace, nos dirá mucho más sobre quién es Él.
Esta revelación nos ayuda a conocerlo más, en forma mas profunda. Y nos asegura de Su continua presencia con nosotros, y de Su grandeza en toda forma (Él es grande en amor, grande en misericordia, etc). A medida que lo conozcamos más y reconozcamos Su fidelidad en nuestras vidas, nos dará fe y confianza para enfrentar lo difícil que nos traiga el presente y el futuro.
El toque de Dios en tantas formas día tras día (en cada encuentro con Dios que tenemos), es un regalo de Él para nosotros. "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación." - Santiago 1:17 RV95. Él nos tranquiliza y nos asegura en Sus obras personales sobre nosotros. Pero esto NO pasará si NO tenemos el hábito de recordar, meditar, y apreciar Sus actos de amor que cubren la historia de nuestra vida. No podremos obtener los recursos espirituales requeridos para enfrentar la vida en un mundo caído, con seguridad y confianza en la presencia y provisión de nuestro Dios.
Cada uno de nosotros ha sido marcado por mucha revelación en nuestra relación con Dios, comunicándonos que Él nos ama profundamente, provee fielmente y nos ayuda cuando acudimos a Él.
En vez de enfocarnos en los problemas que nos limitan, ¿Por qué NO renovar nuestra mente recordando, meditando y apreciando lo que Dios ha hecho en nuestras vidas? Estos recuerdos de nuestro Dios amoroso nos llenarán de gozo, paz, y esperanza.
El Dios de nuestro pasado será fiel, fuerte, y activo en todo lo que enfrentemos. Este es el mensaje seguro de todos los que caminan con Dios. No menospreciemos, subestimemos o pasemos por alto Sus dones de encuentros pasados y presentes con Dios, que vienen precargados con la revelación de quién es Dios, en todo lo que Él hace en nuestras vidas.