1. El Proceso
Una sesión Immanuel comienza con una breve orientación y oración, invitando al Espíritu Santo a dirigir el tiempo. Luego la persona recuerda un momento positivo—una memoria donde sintió paz, alegría o conexión. Esto activa el circuito relacional del cerebro y crea seguridad emocional.
Cuando la persona ya está conectada a Jesús y se siente lista, Jesús puede llevarla a un recuerdo doloroso o traumático para traer sanidad. Cada sesión suele durar entre 1 and 1 1/2 hours.
2. Jesús y el Coach
La tarea principal del coach es ayudar al receptor a permanecer conectado con Jesús. El coach no dirige la sesión, no interpreta ni arregla. Jesús lleva el volante. Él guía, Él muestra, Él sana.
Como coach:
Eres facilitador, no reparador.
Eres conector, no la conexión.
Tu tarea es recordarle a la persona: “Ve con Jesús. Pregúntale a Él. Quédate con Él.”
Si recibes una impresión, la compartes con humildad:
“El pensamiento que me viene es…”
Y luego guías a la persona a preguntarle a Jesús:
“Jesús, ¿qué quieres que haga con esto?”
Así, Jesús sigue siendo el Líder de la sesión, y la persona aprende a relacionarse directamente con Él.
3. Acompañamiento (Attunement)
El “attunement” es el arte de acompañar de manera empática—estar presente, escuchar con atención, y reflejar comprensión y cuidado.
Siguiendo la enseñanza del Dr. Lehman, hay dos niveles:
Acompañamiento del coach hacia el receptor – la persona se siente vista, escuchada y entendida.
Acompañamiento del receptor hacia Jesús – la persona siente que Jesús de verdad la entiende, la ve y la disfruta.
Palabras simples ayudan mucho:
“Escucho que dices… ¿Lo entendí bien?”
“Gracias por compartir eso. Estoy aquí contigo.”
Cuando ambos niveles de acompañamiento están presentes, la sanidad fluye con naturalidad.
4. Apreciación
Recordar momentos positivos y llenos de gratitud activa los circuitos de alegría del cerebro, estabilizando las emociones. Como enseña la Pastora Patricia Velotta, la apreciación abre el corazón para conectarse más fácilmente con Jesús, porque nos recuerda quién es Él y qué ha hecho.
5. Formando un Apego Seguro con Jesús
Una de las metas centrales de la Oración Immanuel es desarrollar un apego seguro con Jesús: una confianza profunda de que Él siempre está cerca, siempre nos recibe con alegría y siempre puede ayudarnos.
Sabemos que estamos formando apego seguro con Jesús cuando:
Cuando lo buscamos, lo encontramos.
Cuando lo encontramos, Él está contento de vernos.
Él trae sabiduría y ayuda real.
Aun si nos distraemos o desconectamos, sabemos que podemos volver fácilmente a Él.
Este tipo de vínculo transforma una vida basada en miedo, en una vida basada en alegría.
6. Trabajo con Memorias
Cuando Jesús lleva a la persona a un recuerdo difícil, Él entra en ese lugar con Su presencia, Su verdad y Su consuelo.
Como enseña el Dr. Lehman: “Cuando Jesús está presente en la memoria, el trauma comienza a resolverse.”
El coach guía suavemente:
“Jesús, ¿dónde estás en este recuerdo?”
“¿Qué quieres que yo sepa aquí?”
Si la persona se siente abrumada, el coach la ayuda a volver al presente, reconectándose con Jesús aquí y ahora antes de regresar al recuerdo.
7. Circuitos Cognitivos y Emocionales
Para que la sanidad sea completa, se deben activar tanto:
Se puede orar:
“Jesús, ayúdame a encender mis circuitos cognitivos y emocionales.”
Esto permite que pensamiento y emoción se integren, lo cual trae sanidad profunda y duradera.
8. Seguridad
Al establecer la presencia de Jesús desde el inicio, se crea una red de seguridad. La persona aprende que puede moverse entre el presente y un recuerdo doloroso sin perderse, porque Jesús está en ambos lugares.
9. Ánimo y Acompañamiento
El coach es un animador espiritual durante todo el proceso.
Frases que ayudan:
“Estoy contento de estar aquí contigo.”
“Lo estás haciendo muy bien.”
“Jesús, gracias por lo que estás haciendo en este momento.”
Y cuando algo “suena raro”, el coach puede guiar:
“Pregúntale a Jesús: ¿Eres Tú?”
Jesús siempre confirma Su voz con paz y claridad.
10. ¿Para Quién es este Ministerio?
El Enfoque Immanuel es para todo tipo de personas—líderes, principiantes y profesionales. El único requisito es la disposición de dejar que Jesús haga el trabajo. Él carga el peso; nosotros solo facilitamos el encuentro.
11. Sencillez y Reproducibilidad
Como subraya la Pastora Velotta, una de las mayores fortalezas de este modelo es su simpleza y facilidad de reproducir. Funciona en sesiones individuales, con grupos pequeños, y en el campo misionero, sin importar cultura o edad.
Puedes usar el Enfoque Oración Immanuel:
Para tu propia vida de oración.
Para acompañar a otra persona.
En grupos, dejando tiempo suficiente para que cada uno camine a su propio ritmo.
Todos pueden escuchar a Jesús respondiendo preguntas como:
“Jesús, ¿qué sientes por mí?”
“¿Qué quieres que yo sepa ahora?”
Pensamiento Final
La Oración Immanuel no es simplemente una técnica; es una invitación a un estilo de vida de conexión con Dios. La meta no es “arreglar el dolor”, sino encontrar a Jesús en medio del dolor—ver Su rostro, sentir Su alegría y experimentar Su transformación.
Cuando aprendemos a caminar así, la sanidad deja de ser un evento y se convierte en una manera de vivir. Jesús es Immanuel—Dios con nosotros—y Él se deleita en mostrarnos Su cercanía.