Refresca la conexión del participante con Dios, despertando el aprecio en su corazón por la forma en que Él ha sido “Dios con nosotros” en el pasado.
Ayuda al participante a establecer una conexión viva e interactiva en el presente en la cual Dios puede continuar hablando: fortaleciendo, alentando y consolando.
Establece la red de seguridad que será la "base de operaciones" en una sesión de sanidad integral, para lidiar con recuerdos dolorosos y traumáticos. Es decir, si los problemas con el recuerdo doloroso aún no se han resuelto cerca del final de la sesión, aún se terminará con una conexión positiva. El “encuentro positivo” al principio y al final de una sesión es como los panes de un sanduche que encierran y protegen adecuadamente el frágil interior.
Prioriza y facilita la intimidad con el Señor, ayudando a modelar al participante una práctica espiritual que refuerza la profundización de nuestra intimidad con Dios. Esta es la práctica espiritual de recordar una memoria positiva y apreciar a Dios en ella.