La vida cristiana con Dios, explicada de manera sencilla
Un camino sencillo de transformación al seguir a Jesús
(English & Español)
Julio 3, 2026
por Raimer Rojas
(English & Español)
Julio 3, 2026
por Raimer Rojas
Hemos complicado lo que significa caminar con Jesús. Muchos viven el cristianismo como una larga lista de creencias que dominar, conductas que corregir, virtudes que alcanzar y ministerios que cumplir.
Podemos ser hábiles o capaces en nuestras propias áreas, con muchos estudios o con pocos, pero cuando se trata de la vida con Dios, todos somos principiantes. Esta vida no se parece a nada de lo que el mundo ofrece.
Pero en el fondo, la vida cristiana es hermosamente sencilla porque gira alrededor de Jesús:
Contemplarlo lleva a la fascinación.
La fascinación lleva a la imitación.
Y la imitación, con el tiempo, lleva a encarnar Su vida.
Así es como Dios diseñó a los seres humanos para cambiar. Nos vamos pareciendo a aquello que contemplamos. Imitamos aquello que capta nuestra atención. Con el tiempo, lo que imitamos llega a formar parte de quienes somos.
Por eso, la meta de la vida cristiana no es simplemente llenar nuestra mente de conocimiento. Tampoco es solo alcanzar ciertas virtudes o cumplir una lista de obras. Todo eso importa profundamente, pero no es el centro. Nuestro enfoque es Jesús. Al contemplarlo, seguirlo y permanecer con Él, todas estas otras cosas se van formando en nosotros por su gracia.
A Jesús sí le importan nuestras creencias, nuestros amores, nuestras motivaciones y nuestras acciones. Pero Él las forma acercándonos a Él, no exigiendo perfección antes de que podamos seguirlo.La vida cristiana incluye creer correctamente, amar lo que Dios ama, tener motivaciones puras y vivir en obediencia, pero comienza y permanece centrada en Jesús mismo.
Sin embargo, muchas veces presentamos la vida cristiana como si primero las personas tuvieran que ordenar perfectamente su teología, sus emociones, sus motivaciones y su conducta antes de poder seguirlo de verdad. Pero Jesús no comenzó allí. Él comenzó con una invitación: “Sígueme.”
Luego, por medio de la cercanía, la relación, la corrección, la práctica, el fracaso y la restauración, Él formó a sus discípulos.
En el mundo de los rabinos, los maestros normalmente escogían a los mejores de los mejores: los estudiantes más preparados y prometedores. Pero Jesús hizo algo diferente. Escogió a los menos esperados. Escogió a los que no habrían pasado la prueba. Escogió a personas comunes y sin mucha educación formal. Y su invitación fue sencilla: “Sígueme.”
Los llamó a estar con Él, a llegar a ser como Él y a hacer lo que Él hacía.
Al principio, ellos no se daban cuenta de cuán profundamente esto transformaría sus vidas imperfectas. Pero durante tres años, fueron formados al estar con Él. Aprendieron vida con vida. Observaron a su Líder perfecto. Escucharon sus palabras. Vieron su compasión, su valentía, su santidad, su dependencia del Padre y su amor por las personas.
También comenzaron a ver que Jesús vivía desde un centro completamente diferente. Él no usaba las Escrituras solo como reglas para citar o principios para aplicar, sino como una ventana para conocer la mente y el corazón de Dios. Jesús miraba más allá de las acciones externas de las personas y discernía lo que realmente estaba pasando en sus corazones. Notaba las motivaciones escondidas, los deseos mal dirigidos, la fe sincera, el dolor silencioso y la dureza del corazón. No tenía temor de exponer y confrontar lo que era falso, pero siempre lo hacía desde la verdad, el amor y su perfecta unión con el Padre.
Los discípulos no estaban aprendiendo solamente una nueva lista de comportamientos. Estaban aprendiendo una nueva manera de ver la vida. Jesús los estaba formando para pensar con su mente, amar con su corazón, discernir con su sabiduría y actuar en su camino. Su vida los iba moviendo, poco a poco, hacia una vida completamente nueva.
Ellos vieron cómo Jesús guardaba su vida interior por medio del silencio, la soledad, la oración y la reflexión. Las muchas veces que se apartaba para estar con el Padre no pasaron desapercibidas. En esos lugares escondidos, Jesús vivía en comunión continua con el Padre. Allí alineaba todo con el corazón del Padre, recibía su perspectiva y salía de ese lugar para vivir en amor, verdad, poder y obediencia.
Fueron invitados a participar tanto de su forma de ser como de su forma de vivir.
Así fue como Jesús tomó discípulos imperfectos y los formó como siervos preparados del Rey, hombres que ayudarían a cambiar el mundo.
Y esta no fue solamente la manera en que Jesús obró en aquel tiempo. Esta sigue siendo la manera en que Él forma a las personas hoy.
Él todavía dice: “Vengan, síganme, y los haré pescadores de hombres.” En otras palabras: Estén conmigo. Obsérvenme. Aprendan de mí. Caminen conmigo. Dejen que mi vida forme la de ustedes.
Hoy nos acercamos a Jesús por medio de su Palabra y por medio de una relación continua con el Espíritu Santo. El Espíritu nos revela quién es Jesús, nos recuerda lo que Él dijo y forma su vida dentro de nosotros.
Caminar con Jesús hoy muchas veces se ve sencillo y cotidiano. Se ve como abrir las Escrituras no solo para obtener información, sino para contemplarlo a Él. Se ve como hablar con Él durante el día, pedirle ayuda y escuchar la dirección del Espíritu. Se ve como poner atención a la manera en que Jesús amaba a las personas, manejaba la presión, respondía al dolor, resistía la tentación, servía a los débiles, hablaba la verdad y permanecía cerca del Padre.
Luego, mientras vivimos nuestro día, comenzamos a practicar su camino. Perdonamos cuando preferiríamos guardar la ofensa. Servimos cuando preferiríamos ser reconocidos. Decimos la verdad cuando sería más fácil escondernos. Bajamos el ritmo para amar a la persona que tenemos enfrente. Traemos nuestros temores, deseos, motivaciones y decisiones a su presencia.
También implica procesar la vida con nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Hablamos juntos de lo que estamos aprendiendo, de dónde estamos luchando y de lo que estamos viendo y valorando en Jesús. Nos ayudamos unos a otros a notar sus caminos. Nos animamos unos a otros a responderle. Llegamos a ser una caja de resonancia unos para otros mientras buscamos discernir lo que Jesús está formando en nosotros.
De esta manera, toda la vida se convierte en su campo de entrenamiento. La naturaleza, las relaciones, el trabajo, los conflictos, las decepciones, las tentaciones, el sufrimiento y las situaciones complejas llegan a ser lugares donde Jesús nos forma. Nada se desperdicia cuando lo traemos a Él. Nada carece de sentido cuando lo procesamos con Él y con su pueblo.
Y Jesús no nos forma de manera aislada. Él nos une con otros que van en el mismo camino. Crecemos junto a otros discípulos que también están siendo formados por Él. Dentro del contexto de una familia espiritual, Jesús continúa su obra por medio de su Palabra, su Espíritu y su pueblo.
La vida cristiana es sencilla en su diseño, aunque no siempre es fácil en la práctica. Esto no significa que sea pasiva o que no requiera esfuerzo. Significa que el camino de formación es claro: permanecemos cerca de Jesús, lo contemplamos, le respondemos y permitimos que su vida nos transforme desde adentro hacia afuera.
Este es el proceso sencillo, pero poderoso, de llegar a ser un seguidor de Jesús:
Lo contemplamos.
Nos fascinamos con Él.
Lo imitamos.
Y con el tiempo, por su gracia, comenzamos a encarnar su vida.
Esta es la vida con Dios, explicada de manera sencilla.
La vida cristiana no se trata principalmente de dominar creencias, corregir conductas o cumplir obras. Es una vida de caminar con Jesús: contemplarlo, fascinarnos con Él, imitarlo y, poco a poco, encarnar Su vida por gracia.
En esta escena imaginada de The Chosen, Jesús habla con Tadeo justo antes de comenzar su ministerio terrenal. Lo que vemos es la invitación sencilla, pero radical, del discipulado: “Ven, estate conmigo, aprende de mí y deja que mi vida transforme la tuya.” Este es el llamado que transformaría a personas comunes y, por medio de ellas, cambiaría el mundo.
Enlace del video: Tadeo Conoce a Jesús