Derrotando los Fortalezas y Lugares que el Diablo Gana en Nuestra Vida
Artículo de Neil Anderson (traducción y adaptación simplificada al español)
Fundamentos Esenciales
(English & Español)
Artículo de Neil Anderson (traducción y adaptación simplificada al español)
Fundamentos Esenciales
(English & Español)
Vencemos las estrategias de Satanás cuando entendemos cómo nos oprime y cómo debemos derrotarlo. Aquí hay algunas maneras claras de reconocer la opresión demoníaca en tu vida y encontrar victoria.
El maligno y sus demonios aprovechan oportunidades para influir astutamente en nuestro pensamiento de muchas maneras y en diferentes grados. Si sus estrategias permanecen ocultas de nuestro pensamiento consciente, pueden formar un lugar o establecer una fortaleza en nuestras almas desde donde los espíritus malignos pueden operar sin impedimento.
Hoy en día, el uso más común de la palabra “lugar” (en inglés foothold) se refiere a un punto donde un escalador puede apoyar el pie o a una posición segura desde la cual puede avanzar más. En el griego bíblico, la palabra usada puede referirse a un lugar, posición, oportunidad, espacio, ocasión o región.
El apóstol Pablo nos da una idea de cómo Satanás puede establecer un lugar en nuestro pensamiento desde donde puede avanzar más. Él dice: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” — (Efesios 4:26–27) En estos versículos, Pablo nos advierte que perdonemos rápidamente una ofensa para que el enojo no se convierta en amargura. La amargura (el resentimiento que se guarda por largo tiempo) le da a Satanás un lugar en nuestra vida mental. Le da una plataforma desde la cual puede avanzar más en nuestros pensamientos.
Veamos un ejemplo. Cuando soy ofendido o herido emocionalmente y me lleno de enojo o amargura, puedo comenzar a pensar cosas como:
Si perdono a la persona que me ofendió, me volverá a lastimar.
Si mantengo mi enojo, puedo castigar a la persona que me ofendió.
Esta ofensa es tan grave que no puedo perdonar.
No hay verdad en estos patrones de pensamiento. El comportamiento que normalmente sigue a este tipo de engaño es desobedecer pecaminosamente la instrucción y el ejemplo de Cristo de perdonar. Cuando nos negamos a perdonar, el maligno gana lugar — gana terreno, un punto desde donde puede seguir avanzando en nuestros pensamientos y acciones.
Otra de las estrategias engañosas de Satanás es establecer fortalezas en nuestra mente. Mira lo que dice el apóstol Pablo:
“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” (2 Corintios 10:3–5)
La palabra griega para fortaleza se usa varias veces en el Antiguo Testamento griego con el significado literal de fortaleza o castillo. En este pasaje del Nuevo Testamento, se usa de manera figurativa para referirse a la fuerza de argumentos falsos. El autor Mark Bubeck define una fortaleza de esta manera:
“Una fortaleza es una idea, creencia, temor, sentimiento, deseo o cualquier cosa (argumentos o altivez contra el conocimiento de Dios) que tiene un fuerte dominio sobre nuestra mente, espíritu, cuerpo o corazón — esclavizándonos — y motivándonos a actuar contra la voluntad de Dios mediante comportamientos pecaminosos repetidos. Una fortaleza es una mentira que hemos creído y que hemos permitido que se vuelva realidad para nosotros, manteniéndonos en esclavitud al pecado.”
La diferencia entre lugares y fortalezas es sutil. Podemos decirlo así: Un lugar se basa en mentiras que una persona cree y que la llevan a pecar sin arrepentirse. Ese pecado continuo le da al enemigo un lugar desde donde avanzar en la vida de la persona. Una fortaleza está conectada a una creencia falsa profundamente arraigada que debilita la fe de una persona en Dios o la aleja de Él. Estas creencias falsas pueden surgir de apostasía, pecado habitual o interpretaciones equivocadas de eventos traumáticos en la vida. Cuando esa mentira se instala profundamente en el pensamiento de la persona, Satanás puede operar en su vida como si estuviera protegido dentro de las paredes de una fortaleza.
Ahora veamos algunas maneras en que podemos darle a los espíritus malignos la oportunidad de ganar lugar y/o establecer fortalezas en nuestras vidas—maneras en las que podemos volvernos vulnerables al ataque demoníaco.
La puerta para el ataque espiritual en nuestra vida puede abrirse tanto por los pecados que cometemos como por los pecados cometidos contra nosotros. Los estudios sobre guerra espiritual muestran varias áreas donde el enemigo puede ganar terreno para hostigar, oprimir y atormentar a los creyentes. Entre ellas están:
participación en el ocultismo
engaño
amargura
rebelión
orgullo
pecado habitual
pecado generacional
Reemplazar la adoración a Dios por la adoración a Satanás es la característica central del ocultismo. Muchas veces la adoración a Satanás está escondida dentro de actividades y creencias ocultistas (la palabra “oculto” significa escondido). Así como Satanás ofreció abiertamente poder a Jesús durante la tentación (Mateo 4:8–9), el ocultismo seduce a las personas ofreciendo poder al que lo busca. (Deuteronomio 18:9–13)
La amargura (la falta de perdón) es una de las áreas de mayor vulnerabilidad para muchos cristianos. Algunas personas luchan con la amargura porque tienen ideas equivocadas sobre lo que significa perdonar. Para algunos, perdonar parece significar dejar al ofensor sin consecuencias. Esto puede parecer debilidad o dependencia emocional. Pero lo contrario es verdad. Perdonar requiere gran valentía y refleja la gracia y la misericordia de Cristo.
Algunas personas no quieren perdonar porque desean venganza. Algunos buscan esa venganza directamente. Otros lo hacen de manera indirecta:
chisme
manipulación de relaciones
comportamientos pasivo-agresivos
Algunos simplemente disfrutan odiar al ofensor. Pero aferrarse a la amargura es autodestructivo y envenena el alma. (Hebreos 12:15; Efesios 4:30–32) También viola el amor (1 Corintios 13:5) y es rebelión contra la enseñanza de Jesús (Mateo 6:12, 14–15)
Verdades importantes sobre el perdón:
Perdonar no es olvidar.
Perdonar es soltar el resentimiento para poder sanar.
Perdonar no es buscar venganza, ni abierta ni secretamente.
El perdón es algo que haces por tu propio bien; es entre tú y Dios.
Perdonar es aceptar vivir con las consecuencias del pecado de otra persona.
El perdón es una decisión de la voluntad, incluso cuando no sentimos hacerlo.
El perdón libera al ofendido para sanar y crecer más allá del dolor.
Jesús describió al diablo como mentiroso y padre de mentira. “Vosotros sois de vuestro padre el diablo… él ha sido homicida desde el principio… no ha permanecido en la verdad… cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso y padre de mentira.” (Juan 8:44)
Satanás y sus demonios buscan influir en nuestro pensamiento principalmente mediante mentiras y engaño. También podemos ser afectados indirectamente cuando otros son engañados.
Pablo advirtió a Timoteo: “En los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” (1 Timoteo 4:1–2) También podemos ser engañados por la cultura (Romanos 12:2) y nosotros mismos (1 Corintios 3:18). En resumen, Satanás busca capturar la mente, las emociones y la voluntad mediante el engaño.
Fuentes de engaño:
Satanás y sus demonios
otras personas
la cultura
nosotros mismos
El poder de Satanás siempre está en la mentira, porque él es el padre de mentira.
La rebelión es negarse a someterse a la autoridad de Dios y a las autoridades que Él ha establecido. La raíz de la rebelión es la pregunta: ¿Quién está en control? Cuando nos rebelamos contra las autoridades que Dios ha puesto, estamos quitándole el control a Dios y reclamándolo para nosotros. La Biblia dice: “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación.” (1 Samuel 15:23) Esto muestra cuán serio es para Dios el espíritu de rebelión.
Cuando actuamos con arrogancia o orgullo, estamos imitando a Satanás en lugar de reflejar a Cristo. Recordemos que Satanás fue expulsado de la presencia de Dios por su orgullo. “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:6–7)
El orgullo muchas veces se manifiesta como autosuficiencia, egoísmo, y autocondenación.
La práctica continua de un pecado específico puede llevar a la esclavitud espiritual. Pablo explica este principio usando el ejemplo de la falta de perdón: “No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” (Efesios 4:26–27) Si una persona permanece en la falta de perdón y en el enojo, crea una oportunidad para que Satanás gane lugar en su vida.
El pecado es rebelión contra Dios, y la rebelión está en el centro del carácter de Satanás. Cuando una persona se une a esa rebelión mediante pecado habitual, puede abrir la puerta para que el enemigo establezca fortalezas. Esto puede ocurrir con muchos pecados habituales: chisme, mentira, robo, y adicciones—por ejemplo, drogas, adicción sexual y alcoholismo.
Las personas pueden verse afectadas espiritualmente por los pecados idolátricos de generaciones anteriores. “No te inclinarás a ellas ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación…” (Éxodo 20:5–6)
También podemos observar estos patrones en la vida social:
abuso que se repite entre generaciones
adicciones que pasan de padres a hijos
pecados sexuales que continúan de generación en generación
Pero la gracia de Dios tiene poder para romper cualquier patrón.
Algunas señales que pueden indicar opresión espiritual incluyen:
Falta de interés o incapacidad para leer la Biblia o participar en oración y adoración
Poseer objetos usados en rituales paganos, Nueva Era, religiones orientales o masonería
Sueños o experiencias nocturnas extrañas relacionadas con ocultismo, violencia o perversión sexual
Invitaciones conscientes hechas a Satanás o a demonios
Patrones continuos de pecado personal (mentira, resentimiento, inmoralidad sexual, odio racial)
Problemas severos de personalidad como paranoia, deseo de venganza, abuso hacia otros, depresión profunda o pensamientos blasfemos violentos
Adicciones (alcohol, drogas, sexo, trabajo, comida, ejercicio, internet o televisión)
Falta de alivio mediante tratamientos médicos, oración personal o consejería psicológica
Historia familiar de influencia demoníaca relacionada con brujería, satanismo, Nueva Era, religiones orientales o masonería
Espíritu Santo, la Palabra de Dios declara que Tú eres el Espíritu de verdad que ha venido para guiarme a toda la verdad. Me someto a Ti y te pido que reveles a mi mente —o que confirmes para mí— la verdad acerca de estos indicadores que pueden mostrar dónde me he hecho vulnerable a la opresión demoníaca (Juan 16:13). Es el deseo de mi corazón reconocer y destruir los lugares y las fortalezas que los espíritus malignos puedan haber establecido para influir en mis pensamientos y acciones (Salmo 21:2; Efesios 4:26–27; 2 Corintios 10:3–5). Te doy gracias en el Nombre y la Autoridad de Jesús, el Cristo. Amén.