Pilar #3: IDENTIDAD DE GRUPO
La identidad de grupo tiene un papel clave y muchas veces ignorado en la transformación. La identidad de grupo forma nuestro carácter. La formación de identidad es un gran “hueco” en la transformación espiritual. En vez de enfocarnos principalmente en lo que creemos, la identidad de grupo responde: “Como seguidores de Jesús, ¿qué clase de gente somos?” “¿Cómo actúa el pueblo de Dios?”
Así funciona el cerebro: en la infancia y niñez, el cerebro está diseñado para desarrollar identidad individual a través del apego con padres y cuidadores. Alrededor de los doce años, el cerebro pasa por un cambio estructural que equilibra identidad individual con identidad de grupo. Desde ahí en adelante, la identidad de grupo se vuelve un factor clave en la formación del carácter. Somos formados por nuestros apegos más fuertes y por la identidad compartida de nuestra comunidad.
Nuestro cerebro fue diseñado para responder a la identidad de grupo y ayudarnos a actuar como “los nuestros”. El lado derecho del cerebro contiene el centro de control que interpreta nuestra identidad de grupo y la usa para formar nuestro carácter interno… Cada sexto de segundo, el lado derecho intenta responder: “¿Quién soy?” “¿Cómo actúa mi gente ahora?” Si mi centro de control funciona bien, mis circunstancias se integran con mi identidad de grupo. Actúo espontáneamente con gozo y paz. Si mi centro de control se desincroniza, me olvido de quién soy y de cómo conectar con los demás. Dejo de actuar como yo mismo. Aunque sea cristiano, dejo de actuar como uno.
Si no soy parte de una comunidad con mucho gozo y hesed, y con identidad de grupo fuerte, no sabré cómo cambiar mi conducta. Mi fuerza de voluntad no será suficiente para evitar que actúe de maneras no cristianas.
La identidad de grupo puede cambiar el carácter porque opera en la “vía rápida” del lado derecho del cerebro. Nuestras respuestas automáticas al estrés (más rápidas que el pensamiento consciente) pueden entrenarse por medio de la identidad de grupo. Nuestras reacciones instantáneas a la vida (que a veces producen conductas no piadosas) pueden transformarse cuando tenemos una comunidad gozosa, hesed, con identidad de grupo bien desarrollada y basada en el carácter de Jesús.
Definimos carácter como nuestras respuestas automáticas ya “grabadas” en nuestro ambiente relacional, el comportamiento instantáneo que sale naturalmente del corazón. El carácter se revela en cómo actuamos instintivamente con quienes nos rodean. Cuando nuestra identidad de grupo se hunde en el corazón… empezamos a mostrar carácter transformado. Espontáneamente. La gente con la que compartimos gozo, hesed y pertenencia nos cambia.
Nuestros cerebros responden a la identidad de grupo, pero muchas iglesias no le dan al cerebro lo que necesita para transformarnos. Las iglesias deberían construir una identidad de grupo alrededor del carácter de Jesús. Una declaración de identidad debería decir: “Somos un pueblo que recibe su identidad de grupo del carácter de Jesús.”